Lo importante de esta fotografía no es el ojo de ‘Pito Vilanova’ impactando con el dedo de Jose Mourinho. Lo chocante de la instantánea no es el gesto exagerado del segundo entrenador del Barça y la pacífica mandíbula del primer entrenador del Madrid (habrá que revisar frame por frame no sea que al final no haya contacto). Lo relevante de esta imagen (tomada antes de que el Barça levantara la Copa de campeón mientras los jugadores del Madrid se duchaban) es la hierática figura que surge entre los protagonistas secundarios. Porque no nos engañemos, aquí Mourinho y el tal Pito son mera comparsa. Ni siquiera el logotipo del Barça cual mosca televisiva llama la atención. Aquí lo relevante es el bigote pegado a un hombre. Un enrayado caballero que asiste a la bronca como si con él no fuera la película. Tengo que ver el vídeo para ver si este tipo de verdad estaba allí o es fruto de una alucinación photoshopera. Es como un personaje sacado del Super 8 de J. J. Abrams. Como un malo de los Goonies. Como un observador de Fringe con peluquín y mostacho. Un caballero ochentero trasplantado a una supercopa del siglo XXI, a un tiempo líquido donde apenas importa lo que sucede alrededor. Es un imagen del pasado que representa como ninguna el presente. A su lado hay peleas, guerras, agresiones de patio de colegio, hambre quizá, pobreza, crisis bursátil, primas de riesgo desatado, huelga de futbolistas, niños discapacitados que mueren asesinados con una bolsa en la cabeza. Hay jornadas mundiales de las juventudes papianas, hay topos en Sálvame, hay accidentes de carretera, toros asesinos y novias abandonadas que lloran a medianoche. Hay amigos que se quieren y familias que se odian. Hay sueños rotos y libros que nunca escribirás. Hay mierda y confeti, barro y serpentinas. Hay un dedo que hurga en ojo ajeno y un ojo suicida que busca un dedo con el que apretar el gatillo. Hay bronca alrededor. Lo de siempre. Y entre medias, nunca puede faltar, el observador, el hiératico tipo de bigote que piensa, equivocado, que en realidad, “esto no va conmigo”.
Desconoce quizá que, segundos después de que haya sido tomada esta foto, el hombre de la camiseta rosa que se acerca por detrás está, en estos momentos, afilando la uña del dedo índice de su mano derecha.
Ninguno de nosotros está a salvo.
Y si. No hacía falta. Pero he vuelto.
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ResponderEliminarFRINGE