"Por la mañana seremos historia", me dijo
Dani, nada más verme aparecer
Lo único que alcance
a responder es que le ofrecía lo de siempre.
Los desajustes y problemas habituales. Los desencuentros,
las tardes apagadas y las noches, todas
las noches con sus estrellas. Y especialmente esta de la que os escribo, en la que había
demasiada luz. Creo que éramos nosotros dos. Tenemos la necesidad de iluminar, para
sentirnos iluminados. Disgustos y trincheras,
pataletas, puñetazos. Y mucha alegría. Alegría de haber conseguido cenar en uno
de los mejores sitios de la ciudad.
Desde luego, es más fácil si estás tú. Le dije cuando me senté a su lado.
Desde luego, es más fácil si estás tú. Le dije cuando me senté a su lado.
"Los recuerdos son maravillosos si no tienes que
afrontarlos", me contó Dani, mientras saboreaba una deliciosa oliva
cortesía de la casa.
- Yo también he probado el sabor de la derrota- comenté
mientras apuraba mi lemon beer
- No es la derrota lo que sabe mal. Dijo él
- No es la derrota lo que sabe mal. Dijo él
- ¿Ah no? A veces me confundes Dani. Todo es complicado...-cerré los ojos y continué- tengo que hacer de la vida algo sencillo, sin darle vueltas al balón, que ruede sólo.
- Tú balón está pinchado, y en el terreno donde juegas sólo hay piedras. Dijo el chico de las gafas de pasta.
Yo admiraba sus metáforas, su manera de visualizar las cosas, pero me desesperaba su optimismo.
- He pasado y he vivido muchas cosas. Sé que cuesta levantarse, y sé que cuesta no caer, pero rendirse es no soñar, y yo no sé que sería sin un sueño.
- ¿Qué sueños tienes Héctor?
- Todos, los tengo todos.
- ¿Nos tomamos otra copa?
- Sí, invito yo.
- Sí, invito yo.
Un jodido Gintonic a
7 Euros. Y aún hubo más. Y siguió la noche, pero eso nos pertenece solo a
nosotros dos. Nos despedimos cantando nunca hemos sabido hacerlo de otra manera….










