12 de enero de 2009

PRUEBA EN AZUL NUMERO 2

















Coincidí el 21 de Diciembre, hace apenas tres semanas. Con un tipo peculiar…
En la sala de espera del aeropuerto de Belfast, había un hombre sexagenario, de mirada inquisitiva y rasgos enjutos. Que no cesaba de escrutarme mientras yo leía una edición bilingüe de la Ilíada. Poco a poco aquel escrutinio se me hizo incómodo: cada vez que alzaba los ojos del libro, me tropezaba con los suyos, expectantes y casi anhelosos de interrumpir mi lectura

Hasta tal extremo llegó a desazonarme aquella situación que cerré el libro y me dispuse a dar un garbeo por la sala. Aproveche para ir al sanitario, durante los vuelos adoptó un STAND BY continuo que me impide movimientos bruscos o excesivos.

No había dado ni dos pasos cuando el hombre se puso en pie, con prontitud de resorte, y me abordó sin ambages en un idioma que me resultó a la vez abstruso y familiar. Farfullé que no le entendía, deseoso de quitarmelo de encima.
Pero enseguida reconocí que me había hablado en latín “DISCULPE – AÑADIÓ HABLANDO AHORA EN INGLÉS DE RESONANCIAS METALICAS- al ver que leía a Homero, pensé que dominaba la lengua del Lacio”.

Hablaba con cortesía tratando de disipar la primera impresión invasora que había suscitado en mí, y comprendí que no deseaba otra cosa que hablar amistosamente. “AMO EL LATÍN, -le dije- en mi inglés de sintaxis rudimentaria, PERO NO LO DOMINO”

Instantes después me dijo: “Uno nunca llega a dominar nada… De hecho es complicado dominar ni siquiera la propia lengua” Me sorprendió aquel hombre anónimo y no pude que por menos que concederle la razón.

1 comentario:

  1. excelente relato hector, me fascinan tus historias aunque he hechado en falta un alto contenido de sexo en el relato.
    pero sin duda donimas la lengua española.

    español o castellano?

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